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María de los Ángeles Duarte Pesantes
María de los Ángeles Duarte Pesantes
María de los Ángeles Duarte Pesantes
Es un lugar común la referencia a que cualquier persona sería una suerte de sabelotodo, si estuviera en condiciones de conocer un día determinado, el contenido de los diarios del siguiente, algo a lo cual, además, por nuestra parte, añadiríamos el de los cinco días venideros.

Una afirmación que cabría tener como por impecable, dada su aparente obviedad, pero que resulta en gran medida incorrecta, ya que lo que realmente importa en una noticia, no es el hecho en sí al que se refiere, sino la mayor o menor perdurabilidad que el mismo tiene en la memoria colectiva, algo siempre difícil de pronosticar.

Ya que es una cosa muy frecuente, al momento de ocurrir un hecho al que asignamos, por estar íntimamente convencidos de ello una importancia crucial, cuando el paso del tiempo nos muestra que carecía de esa cualidad.

Un simple ejemplo servirá para agregar claridad a algo que da la impresión de tratarse de no otra cosa, que de una arrevesada explicación.

A ese respecto, traigamos a colación lo ocurrido el 25 de mayo de 1810 en Buenos Aires. Y que cabría imaginarlo como una jornada sepultada en el olvido, o de no ser así, como un antecedente más de la celebrada independencia americana, y por ende la de nuestra Patria, si hubiera quedado abortado el movimiento que nació ese día, con el fracaso inmediato de la Expedición al Alto Perú, aún antes de la Batalla de Suipacha, si Liniers y sus compañeros se hubieran impuesto a esos expedicionarios -aquí la explicación de ello resulta innecesaria- y de allí en más, estar en condiciones de poder hacerse dueños de la situación en Buenos Aires.

Ello no quita que en la materia existan aparentes situaciones en contradicción con lo afirmado en las noticias, como puede ser el caso del asesinato de Kennedy o la llegada del primer hombre a la Luna, para mencionar dos acontecimientos que se muestran como hechos que golpean y calan hondo emocionalmente, pero precisamente por ser esa su naturaleza, se va apagando su luz con el transcurso de los años.

En contraste con este tipo de hechos, dan cuenta de la paradoja de volverse reconocidos en sus verdaderas dimensiones con el transcurso del tiempo. Entre los cuales se hacen presentes otros, en apariencia de importancia escasa, por no decir insignificantes, que llegan incluso a pasar desapercibidos -o casi-, aunque en realidad debería vérselos como señales ignoradas a medias o totalmente, de situaciones de mayor envergadura, y de dimensiones que es imposible mantener ocultas.

Y ese es el caso de la escueta nota, casi escondida en las páginas de los grandes diarios de circulación nacional, y virtualmente silenciada por los comunicadores audiovisuales. Cual es aquella por la que se da cuenta del hecho que nuestra Cancillería informara que una exministra de Ecuador, durante el gobierno de Rafael Correa -se trata de María de los Ángeles Duarte Pesantes-, fuera acogida por la embajada argentina en Quito “por razones humanitarias”.

Nada que, en principio al menos, provoque interés. Para empezar, ¿quién, entre nosotros, conoce a “esa” María de los Ángeles Duarte Pensantes? Aunque nos produzca satisfacción verla recibida en nuestra embajada en Ecuador, como una visitante -en ningún momento se habla de asilo político, ni pedido ni concedido- y acogida en ella por las razones antedichas. Es que, así como es de alguien de bien el no negarle un pedazo de pan a nadie, también lo es darle refugio a un desamparado.

Pero lo que el escueto comunicado de Cancillería argentina omite, es que nuestra María de los Ángeles fue en su pasado compañera de estudios de Rafael Correa. Quien, como se sabe, fue un presidente de Ecuador, ahora refugiado político en Bélgica, algo que ocurre desde antes de ser condenado judicialmente, por delitos cometidos en contra de la administración pública de su país.

Arquitecta, con una Maestría en Administración de Empresas Constructoras e Inmobiliarias, después de estudios realizados en la más importante universidad de Quito, en 2007 ingresó en el flamante gabinete de Correa, como ministra de Desarrollo Urbano y Vivienda de Ecuador. Candidata a alcalde de Guayaquil, años después, al ser derrotada por una coalición que enfrentaba al oficialismo de Correa, en 2009 pasó a desempeñarse como ministra de Inclusión Económica y Social, y un año después se convirtió en ministra de Transporte y Obras Públicas, cargo que ocupó hasta 2013. Después de lo cual, en 2015 volvió como ministra de Desarrollo Urbano y Vivienda de Ecuador, hasta el final del último gobierno de Correa, en mayo de 2017.

Fue poco después cuando comenzó su paseo por los pasillos de los tribunales, y es así como, según una información de la prensa ecuatoriana, en el pasado abril, resultó condenada a cumplir ocho años de prisión en el marco del caso conocido como “Sobornos”, en ese país. Se trata de un esquema de financiación ilegal del movimiento Alianza PAIS, ocurrido entre noviembre de 2013 y febrero de 2014 por parte de varias multinacionales, entre ellas la constructora brasileña Odebrecht.

Es la misma causa en la cual Rafael Correa fuera condenado a 8 años de prisión. Y en su compañía, numerosos exfuncionarios de su gobierno (incluyendo al exvicepresidente Jorge Glass) y empresarios, fueron hallados también culpables de cohecho y de formar parte de una “estructura delictiva” cuya actuación consistía en el pedido de sobornos a empresas, a cambio de contratos con el Estado.

La pena emitida en abril fue ratificada en julio, y ahora se encuentra en una etapa de apelación ante el tribunal de casación. A lo que cabe agregar que María de los Ángeles, a pesar de su condena, dado el hecho que la misma no se encuentra, como se ha indicado, firme, se le otorgaron los beneficios de la prisión domiciliaria, con las obligaciones de no salir del país y de tener que llevar colocada una tobillera electrónica.

Fue cuando, encontrándose en esa situación, María de los Ángeles decidió salir de su confinamiento e ingresar a nuestra embajada en Quito, tal como hemos más arriba referido. Allí terminó acogida, según se ha explicado y ahora se insiste, “por razones humanitarias”.

En tanto la información, así desarrollada, no solo dice lo que el comunicado de nuestra Cancillería callaba, al momento de decir lo que explica sin en realidad hacerlo. Aunque, como se verá enseguida, queda mucha miga escondida detrás de lo que silencia.

Es que la lectura entrelineas de lo relatado, viene a mostrar la aplicación -como si se tratara de un capítulo de un libro de texto- de lo que es el modelo operativo presente, por lo menos en la cúpula dirigente de los países en los que enseñorea o ha enseñoreado “el socialismo del siglo XXI”.

En cuyos gobiernos se asistiría en forma que cabría considerar como invariable a “incrustar” dentro del aparato gubernamental “una estructura delictiva”, destinada a que los que gobiernan se llenen los bolsillos con dinero de sobornos, en una mecánica en que la multinacional Odebrecht cumpliera un rol de principalísima importancia.

Algo lamentable, porque los gobiernos del socialismo de este siglo, vinieron de ese modo a hacer lo contrario a los que eran sus objetivos proclamados, ya que en territorios donde la pobreza y la indigencia abundan, no fue, al actuar de ese modo, precisamente su prioridad erradicarla.

Algo que en sí mismo escandaliza al mismo tiempo que apena, pero sin olvidar incluir en este último sentimiento, a la impresión que provoca ver a tanto joven de ideales impolutos y valores positivos, que ha quedado desencantado por este tipo de actuaciones, o lo que es sí verdaderamente grave, se ha auto convencido de que esa forma de comportarse es la normal, y por ende esperable, en quienes se incorporan a la “dirigencia”.

En el caso concreto de nuestro país, la información antedicha viene a dar una muestra, como pocas, que sirve para comprender la naturaleza del funcionamiento actual de nuestro gobierno.

Ello en sintonía también con esa regla que viene a señalar hasta qué punto las formas en las que se determina y gestiona la política exterior de un Estado en un momento dado, sirve para una mejor compresión de la manera como se lo gestiona al mismo.

Es lo que sucede en el caso del nuestro, ya que sus incómodas y a la vez contradictorias actitudes y comportamientos en la materia, son consecuencia de la dificultad de mantener el equilibrio entre su “corazón” chavisto/madurista -no hay que olvidar como nuestro presidente en una ocasión, en forma pública, manifestó todo lo que “extrañaba” a Hugo Chávez- y la necesidad de hacerse simpático en otros ámbitos, en los que sonreír significa primero “tragarse un sapo” como es el caso de los Estados Unidos.

Ello nos lleva a señalar -hacerlo es una forma de explicar- que nuestra Cancillería debió haberse abstenido de hacer malabarismos verbales en el caso de la “acogida humanitaria” a María de los Ángeles. O sea que no la debió haber recibido en la forma que lo hizo, por tratarse de una condenada que llegó a nuestra embajada en Ecuador, hasta con la tobillera electrónica puesta.

O de lo contrario, la hubiera tenido que recibir no haciéndose el anfitrión compasivo, sino otorgándole asilo político, dado que la condena que aflige a María de los Ángeles, tendría que ser vista por nuestra Cancillería, en una consecuencia de la aplicación concreta de la doctrina del “law fare”, con la cual “la plutocracia internacional y sus lacayos locales intentan desestabilizar a los gobiernos impregnados de ese novedoso socialismo”.

En suma, nos encontramos frente a las dificultades insalvables que enfrenta quien quiere quedar al mismo tiempo con Dios y con el diablo, o dicho mejor con dos ejemplares de demonio. Con olvido que “aunque se vista de seda…”.

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