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Una clave del verano prolongado que viene gozando el mercado financiero proviene de la popularidad del presidente Milei, factor que es visto por analistas y operadores, quizás con un exceso de liviandad, como la salvaguarda del programa económico.

Si no gozara de los niveles de popularidad de los que goza, el mercado financiero pensaría que Milei tendría muchas dificultades para gobernar. Algo de razón tienen: apenas la oposición olfateó que su popularidad flaqueaba, el Congreso se lanzó a aprobar paquetes de gastos que podían hacer tambalear la solidez fiscal, el pilar fundamental del programa económico. La reforma jubilatoria y el financiamiento universitario, ambos vetados con éxito por el Presidente, son de esa época, cuando, en coincidencia con la arremetida opositora, la imagen de Milei había sufrido una caída.

Tiende a suponerse que la relación causal fue inversa: que los vetos a esos beneficios sociales afectaron su imagen. Sin embargo, ajustes más severos y deslices institucionales no lo habían afectado. Es muy factible que la caída en la popularidad haya provocado el traspié del índice Merval durante septiembre. Antes y después de septiembre, fue una tromba.

El Índice de Confianza en el Gobierno (ICG) que elabora la Universidad Torcuato di Tella (UTDT) es la medida que más miran los operadores, por ser la más accesible y contar con una historia larga de datos que la hacen confiable, aunque no sea perfecta. Según el ICG, el promedio de la imagen positiva del Gobierno durante su primer año de mandato fue de 50%, con un mínimo de 43% en septiembre, como se refirió más arriba, y un máximo de 57% apenas asumido. En el último dato disponible, que corresponde a noviembre, muestra un ICG de 53%. La baja de la inflación, la mejora del salario real, la baja del dólar blue, y otros datos-fetiche, hicieron el truco. Hacia fin de mes veremos si el fracaso del proyecto de ley conocido como “Ficha Limpia”, atribuido por la gente a los legisladores de La Libertad Avanza, hace caer el ICG y pone nervioso al mercado financiero.

Los resultados empresariales son, por lo general, bastante predecibles, y los datos de la economía rara vez sorprenden de repente a los expertos. Pero con la política es diferente. De un día al siguiente pueden cambiar 180 grados las expectativas, como ocurrió en agosto de 2019, y más allá en el tiempo, a fines de 2001, dos momentos que marcaron algunas de las mayores caídas bursátiles de la historia en el mundo. En nuestro país pendular, los cambios de mando provocan, por lo general, virajes violentos en el rumbo económico.

La popularidad de Milei mantiene tranquilo al mercado, y los operadores, con esa natural tendencia a simplificar las cosas y exponerlas como un idea sencilla, repiten que “el Presidente es muy popular, y la oposición está disgregada” para insuflarse confianza y seguir comprando.

Pero no siempre las cosas son tan lineales. Es cierto que una oposición disgregada y un Presidente popular deberían proveer un resultado electoral favorable al Gobierno el año próximo. Y, sin embargo, la oposición mantiene un aparato nacional que conviene no menospreciar en una elección legislativa, y que ya demostró ser capaz de unirse cuando la popularidad presidencial flaquea. Sería de incautos no ponderar el riesgo político en las decisiones.

¿Cuál es el riesgo? Que el resultado no sea el esperado, por supuesto. Parece evidente que La Libertad Avanza (LLA) aumentará su fuerza parlamentaria, pues renueva su ínfima cosecha de 2021. Sin embargo, otras cuestiones no se pueden contestar con igual contundencia: ¿los votos que gane LLA, los tomará de la oposición o de sus aliados? ¿cuánto pesará que el nombre de Milei no lidere lista alguna? ¿cómo hará para ganar votos en las provincias del norte, la Mesopotamia o el sur, donde el partido está en pañales? El desafío es traducir la popularidad presidencial en votos para LLA y que, idealmente, esos votos provengan del kirchnerismo. Así de fácil, y a la vez así de compleja, es la apuesta del mercado.
Fuente: El Entre Ríos

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