Así, en una entrevista con el medio local Búsqueda, aseguró: “No me cabe ni un tratamiento bioquímico ni la cirugía porque mi cuerpo no lo aguanta”.
Tras ello afirmó: “Lo que pido es que me dejen tranquilo. Que no me pidan más entrevistas ni nada más. Ya terminó mi ciclo. Sinceramente, me estoy muriendo. Y el guerrero tiene derecho a su descanso”.
El expresidente fue diagnosticado con cáncer de esófago en abril del año pasado y desde entonces se sometió a diferentes tratamientos e intervenciones. El más reciente fue en los últimos días de diciembre, cuando se le colocó un dispositivo que le permite alimentarse e hidratarse mejor. “Yo me voy a morir acá”, sentenció en alusión a la chacra de Rincón del Cerro en donde vive junto a su esposa, Lucía Topolansky. “Ahí afuera hay una sequoia grandota. Está Manuela (su perra) enterrada ahí. Estoy haciendo los papeles para que ahí también me entierren a mí. Y ya está”, aseguró.